Marx señaló que el decrecimiento porcentual de la tasa de beneficio genera una superproducción de capital que desemboca en la crisis. Pero sólo indicó esta conexión en términos muy generales. Posteriormente los autores clásicos de principios del siglo XX descartaron la caída de la tasa de ganancia cómo elemento central del análisis de la crisis. Rechazaron esta interpretación (Luxemburgo) o la ignoraron (Lenin, Kaustky, Hilferding, Bujarin, Trotsky) porque se inclinaban en favor de las teorías desproporcionalistas o subconsumistas de la crisis. Recién en los años 30 y en la polémica contra este último enfoque comenzó a desarrollarse una concepción de la crisis directamente basada en la ley de Marx.
Particularmente Grossman plantéo que la creciente necesidad de plusvalía para preservar la rentabilidad torna en un punto imposible la continuidad de la reproducción. Postuló una teoría de la sobreacumulación destacando -que traspasado el umbral de ciertos ciclos de acumulación- la depresión se torna inevitable e incontrolable, porque el aumento de la composición orgánica del capital contrae la tasa de plusvalía requerida para valorizar el capital. Posteriormente otros autores extremaron este enfoque y propusieron estudiar la crisis, considerando la declinación de la tasa de beneficio cómo un proceso exclusivamente localizado en la esfera productiva y cuyo análisis puede prescindir por completo del mercado.
CRISIS POR SOBREACUMULACION
Pero este enfoque aplicó al estudio inmediato de la crisis, razonamientos abstractos que Marx había desarrollado al nivel lógico del capital en general. No tuvo en cuenta que a esta escala del análisis sólo se aborda la posibilidad o las causas últimas de la crisis, pero no su desarrollo concreto. Para efectuar esta última investigación hay que situarse en la realidad empírica de la competencia y del mercado, observando las contradicciones que emergen de la producción y se desenvuelven en la circulación.
La teoría de la sobreacumulación plantéa que la caída de la tasa de ganancia es una característica permanente del capitalismo maduro debido al crecimiento alcanzado por la composición orgánica. Pero este diagnóstico omite de hecho el papel jugado por las fuerzas contrarrestantes, que al moderar la declinación de la tasa de beneficio impiden la desembocadura de la acumulación en un punto de asfixia por la simple insuficiencia del plusvalor generado para valorizar el capital.
Las teorías de la sobreacumulación ignoran que la principal consecuencia económica de toda crisis de envergadura es la desvalorización del capital constante y variable. Esta depreciación permite recuperar la tasa de ganancia porque atenúa el excedente de capital y permite que la plusvalía vuelva a ser suficiente para rentabilizar a los capitales que han sido reducidos por el efecto desvalorizador de la crisis.
Por la misma razón que la sobreacumulación no introduce un obstáculo permanente a la valorización del capital, la reducción de la mano de obra que nutre el trabajo excedente tampoco crea una barrera infranqueable a la generación de plusvalía, cómo piensan los defensores demografistas de la teoría de la sobreacumulación. La penuria de fuerza de trabajo es incluso un inconveniente de menor relevancia para la reproducción del capital, porque la propia dinámica del ciclo tiende a regular la oferta y la demanda laboral, coyunturalmente a través del ejército de desocupados y estucturalmente por medio de los movimientos migratorios. Estos procesos influyen sobre la tasa de ganancia, pero no determinan su declinación tendencial.
El principal defecto de la explicación de la crisis por el estrechamiento de la tasa de plusvalía valorizadora del capital es su caracterización estancacionista del funcionamiento del capitalismo. Particularmente Mattick expuso este enfoque, al postular que la sobreacumulación representa un dato duradero del capitalismo contemporáneo y no un rasgo variable y específico de las etapas de crisis. En su visión la caída de la tasa de ganancia es continuada debido a una sobrecapitalización estructural que incluso anula la ondulación del ciclo. Esta tesis es el fundamento de diversas concepciones más recientes, que atribuyen la crisis a la expansión del capital rentista o al peso creciente de actividades improductivas (circulación, supervisión, financiación, comercialización) no generadoras de plusvalía.
Pero la experiencia reciente del capitalismo demuestra que ni las actividades financieras, ni tampoco las tareas habitualmente consideradas improductivas deterioran invariablemente a la tasa de ganancia. Al contrario, cómo lo demuestra la política keynesiana pueden servir para recomponerla, si facilitan la creación de nuevos productos y nuevos mercados. En muchos casos tanto las actividades improductivas como financieras facilitan la inversión industrial y canalizan la absorción de capitales excedentes.
Cuándo se fundamenta el análisis de la crisis en la declinación estructural e irreversible de la tasa de beneficio se tiende a desplazar la investigación desde la esfera de la producción hacia el campo de la circulación del capital. Y este giro es metodológicamente incorrecto, porque la causa de la depresión no estriba en el parasitismo bancario, ni en el despilfarro de los recursos, sino en los obstáculos que enfrenta el capitalismo para regular sus propias fuerzas expansivas. Estas tendencias al crecimiento conducen a crisis periódicas de valorización y no los acontecimientos secundarios del derroche, que en todo caso revelan la irracionalidad e inmoralidad del capitalismo, pero no las dificultades centrales de su funcionamiento.
La teoría de la crisis basada en la declinación duradera de la tasa de ganancia resulta particularmente inapropiada para explicar situaciones de recomposición no coyunturales de la rentabilidad. Además, este enfoque tiende a ofrecer argumentos ingenuos para la lucha contra el capitalismo, al oponer a los análisis reformistas de la crisis basados en la contracción de la demanda (y su resolución mediante aumentos salariales) una teoría del derrumbe del capital por el simple agotamiento de la tasa de plusvalía.
Ondas largas
La mejor interpretación de este comportamiento ondulante de la tasa de ganancia fue presentada por Mandel en su teoría de las ondas largas. Planteó que el incremento de la composición orgánica determina acumulativamente la erosión de la tasa de ganancia, desencadenando extensos períodos de estancamiento. Pero estas etapas no se extienden indefinidamente, sino que facilitan una progresiva recomposición de la rentabilidad, que a su vez permite el inicio de nuevas fases de prosperidad. Estos últimos períodos concluyen cuándo el nuevo aumento de la composición orgánica deteriora el nivel promedio de la tasa de beneficio.
Al inicio de las ondas largas ascendentes, las principales fuerzas contrarrestantes de la ley operan con mayor intensidad y sincronía, facilitando la recuperación de la tasa de ganancia a través del aumento de la tasa de plusvalía, la aceleración de la rotación del capital, la depreciación de las materias primas, el drástico abaratamiento de insumos industriales estratégicos y la existencia de un stock de capital aún desvalorizado por el efecto de la crisis anterior. Pero al madurar este período, la composición orgánica se ha recompuesto y estas fuerzas compensatorias pierden capacidad de apuntalamiento del nivel del beneficio.
En este enfoque el pasaje de la prosperidad a la crisis es endógeno, es decir determinado por la propia dinámica de la ley, mientras que el salto hacia una nueva etapa de crecimiento es exógeno, ya que requiere la presencia de acontecimientos políticos y sociales definidamente favorables a la dominación de la burguesía. Ciertos puntos de inflexión ascendente de la tasa de ganancia (1848, 1893, 1930-40) se corresponden con estos desenlaces.
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