Desde hace poco más de dos años asistimos a una campaña mediática de demonización de la conversión al islam en occidente. El punto de partida se sitúa en las declaraciones del entonces primer ministro israelí Ariel Sharon, quien el año 2003 aseguró que “una mayor presencia musulmana en Europa supone un peligro para la vida de los judíos”.
A partir de este momento, asistimos a la proliferación de artículos vinculando la conversión al islam al ‘radicalismo islámico’, incluso al terrorismo. No por casualidad, la señal dada por Sharon dio paso a la aparición repentina de una serie de conversos supuestamente relacionados con el terrorismo.
Mas en la actualidad en el mundo musulmán hay un creciente enojo contra el papa Benedicto XVI por haber realizado lo que algunos consideran comentarios ofensivos contra el Islam. Líderes religiosos de varios países acusaron a Benedicto XVI de revivir el espíritu de las cruzadas y hasta lo compararon con Adolf Hitler por relacionar al Islam con la violencia. El Papa había calificado a la Jihad de “irracional”. El conflicto marca un severo distanciamiento entre el cristianismo y el islam en momentos en que continúa tensa la situación en El Líbano tras la guerra entre Israel y Hezbollah y a dos meses del próximo viaje de Benedicto XVI a Turquía, previsto para fines de noviembre.
En una reciente visita a su natal Alemania, el Papa volvió a su antiguo hogar académico (Universidad de Ratisbona) y dio una clase de teología bajo el título “Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones.” El objeto central de su disertación se condensa en el título y giró en torno al vínculo existente entre fe y razón, es decir, la racionalidad de la fe. Todo su discurso apuntó a ese particular trayendo un tema tan complejo y controvertido como el de la mediación de la fe por la cultura helénica (vínculo entre la fe y la filosofía heredada de los griegos) y los avatares históricos que esto ha representado y aún representa. Pero este no es el asunto que despertó la ira de los musulmanes.
El hecho puntual fue que, al inicio de su ponencia, para ejemplificar la relación entre razón y fe, citó un diálogo mantenido por el emperador bizantino Manuel II de Constantinopla (siglo XIV – XV) con un sabio persa. El emperador, hablando de la yihad dijo: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba.”
El site www.webislam.com (un site dedicado a difundir información acerca del Islam en España y el mundo) difundio en esta semana el siguiente comentario respecto a este hecho:
Aclaremos que al mencionar la palabra yihad, el Papa la traduce por “guerra santa”. Y continúa diciendo que el emperador “explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”.
¿Por qué el Papa trae esta cita? Para ofrecer un argumento más a su discurso, ya que como él mismo lo señala, la afirmación decisiva en esta argumentación (la del emperador) contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios.
En continuidad con esta reflexión, Benedicto XVI refiere que “para la doctrina musulmana Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad”. Siendo así, si fuese su voluntad, podría pedirle al hombre que obre con malicia e incluso, que practique la idolatría.
Vamos, ahora, a un breve comentario.
Más allá de la verdad que aquella afirmación encierra, se trató, de una cita absolutamente innecesaria. No hacía falta remitirse a ese emperador -ignoto en cuanto a filosofía y teología se refiere- ni al tal sabio persa del que no sabemos ni su nombre, para avanzar en la cuestión central del discurso, a saber, la relación intrínseca existente entre la razón y la fe. Relación que, según el mismo Benedicto XVI, no sólo le otorgaría un lugar propio a la teología en el ámbito universitario, sino que, además, debería promover una armónica relación intercultural. “Sólo así -dice el Papa sobre el final de su ponencia- podemos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy…” Por otra parte, para desarrollar la tesis católica de la racionalidad de Dios, no parece necesaria la comparación con el islamismo.
En otro orden, según explican los mismos musulmanes, la mención no sólo resultó inoportuna y fastidiosa, sino que además, no reflejaría la verdad de su credo. Y ofrecen, entre otras, estas tres precisiones:
Primera:
El término “yihad”, no debería en absoluto traducirse por “guerra santa”. Incluso, no es “la” yihad (en alusión a “la” guerra, sino “el” yihad) y hace referencia, primeramente, al combate interno de cada persona por vivir en armonía con Alá. Según afirman, también, ni Mahoma ni el Corán, han propuesto jamás difundir el islamismo mediante la espada; que eso es una falsedad construida en occidente para desacreditar al Islam; y que el yihad, como combate armado, es únicamente defensivo, sólo es lícito en la defensa de las iglesias. Y por último, se agrega que la expresión “guerra santa” no sólo no pertenece al libro sagrado, sino que es de cuño católico y se le atribuye al Papa Urbano II.
Segunda:
No es cierto que el Islam considere a Dios como algo tan absolutamente trascendente y lejano al hombre que hasta podría manifestarse con una voluntad arbitraria en relación a la categoría de racionalidad. Según explica Abdennur Prado, Presidente de la Junta Islámica de Cataluña, “en el Corán se constata la existencia de dos tipos de Nombres de Dios: los de Majestad o lejanía, y los de Belleza o cercanía” y que el libro sagrado afirma que “Dios está más cerca del hombre que su vena yugular…” Por lo tanto, insiste, “nada de esto se corresponde a la concepción de la divinidad en el Islam”. Y señala, no sin alguna cuota de temeridad que “en todo momento el Papa cae en un esquematismo muy pobre, que pone en tela de juicio su reputación como teólogo.” (Agrego yo, que la “distancia” entre Dios y el hombre que habría en el islamismo según Benedicto XVI, no sería de orden “espacial”, como parece entender el señor Prado por la respuesta que ofrece, sino de tipo ontológica).
Tercera:
Abdenur Prado, en su “Lectura del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona” (webislam.com 17/09/06), recuerda –ante lo que él considera como una “muy dura descalificación del Islam” ya que “el Papa habla del Dios del Islam como un Dios que no actúa conforme a la razón”- la valiosa influencia islámica en el proceso medieval de helenización de la fe. Para ello, menciona a los célebres Avicenas y Averroes, conocidos por introducir el pensamiento aristotélico en la alta escolástica. Y en tal contexto, ofrece un comentario que, aunque a los católicos nos resulte desatinado, aparece como una muestra significativa de las dificultades que conlleva hacer la crítica de una determinada cosmología religiosa, desde la lógica racional de una cosmología diferente: “Sorprende a un musulmán ver a un sacerdote católico acusar al Islam de ser una religión contraria a la razón. Sorprende por el hecho de que desde hace siglos los teólogos musulmanes han resaltado la irracionalidad del cristianismo trinitario. El catolicismo ha sido criticado por situar como condición de la salvación la obligación de creer ciegamente en dogmas incomprensibles para la razón, como son la Trinidad, la Encarnación o la idea de que somos culpables de un pecado que no hemos cometido. Por no hablar del dogma de la infalibilidad del Papa, o del más moderno dogma de la Asunción de María.”
Es muchísimo más lo que podría extraerse como reflexión y aprendizaje desde este desafortunado comentario hecho en Ratisbona por Benedicto XVI. No hay espacio aquí para ello, aunque tal vez, en un futuro inmediato, haya que volver sobre el tema y sus consecuencias.
Hoy el Papa y la Santa Sede se enfrentan a un arduo proceso diplomático-religioso para que no se destruyan los vínculos que los mismos musulmanes reconocen como un logro de Juan Pablo II. Y más allá de estas acciones, que intentarán suavizar sus expresiones e incluso –tal vez- hasta desdecirlas, no puede obviarse que de una atenta lectura de su discurso surge con claridad que todo lo que el Papa dijo (incluyendo la cita del emperador bizantino) es lo que el Papa piensa. Aunque su intención, seguramente, no haya sido ofensiva.
Las repercusiones en el mundo entero se han hecho sentir, sin embargo, el Vaticano defendió el jueves pasado las declaraciones del Papa, asegurando que no era su intención ofender a los musulmanes.
El dirigente de la Hermandad Musulmana de Egipto, Mohammed Mahdi Akef, invitó a los gobiernos y sociedades islámicas a romper relaciones con el Vaticano si el Papa no pedía disculpas. “En términos generales (Afek) expresó su sorpresa de que tales comentarios sean emitidos por alguien que se sienta en la cima de la Iglesia Católica y es influyente sobre la opinión pública en Occidente,” indicó un comunicado publicado en el sitio oficial en Internet de la Hermandad Musulmana (www.ikhwanonline.com).
En Pakistán, un erudito en el Islam, Javed Ahmed Gamdi, calificó de irresponsables los comentarios del Papa. El Parlamento paquistaní condenó el viernes al Papa Benedicto XVI a través de una resolución unánime, acusándolo de hacer comentarios “despectivos” sobre el islam y el profeta Mahoma, exigiéndole además una disculpa por herir los sentimientos de los musulmanes.
La resolución, promovida por el legislador conservador Fazal Karim, fue apoyada tanto por la bancada oficialista como por la oposición en la Cámara baja del Congreso.
También hubo reacciones en Cachemira, donde la policía de la India requisó los periódicos en los que se daba cuenta del discurso de Benedicto, para prevenir cualquier tensión.
Enojo en Turquía
El Papa “tiene una mentalidad oscura que procede de la oscuridad de la Edad Media. El es una poca cosa que no se benefició del espíritu de reforma en el mundo cristiano”, dijo Salih Kapusuz, segundo del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo turco, a la agencia de noticias local Anatolia.
El dirigente estimó que las palabras de Benedicto fueron “resultado de una ignorancia lamentable” o una distorsión de la verdad “para revivir la mentalidad de las Cruzadas”, las expediciones militares contra el islam organizadas por el Vaticano y los reinos cristianos europeos entre los siglos XI y XIII.
“Benedicto, el autor de estos comentarios tan desafortunados e insolentes, pasará a la historia como un líder de la misma categoría que Hitler y Mussolini”, agregó.
Ayer, la máxima autoridad islámica de Turquía, el presidente del Departamento de Asuntos Religiosos, Ali Bardakoglu, calificó las declaraciones de Benedicto XVI de “provocadoras, hostiles y prejuiciosas” y exigió una disculpa del Pontífice.

El líder del organismo religioso de asuntos religiosos de Turquía pidió al Papa que se disculpe. El vicepresidente del partido gobernante en Turquía -la agrupación islamista del primer ministro Recep Tayyip Erdogan- dijo hoy que el Papa pasará a la historia como un líder comparable con Adolf Hitler y Benito Mussolini, los dictadores antisemitas alemán e italiano derrotados en la Segunda Guerra Mundial.
Entre tanto, el vocero papal, padre Federico Lombardi, dijo que no había sido la intención de Benedicto XVI herir los sentimientos de los creyentes musulmanes, sino dejar en claro que rechazaba la violencia motivada por la religión.
En Turquía, el líder del organismo sobre religión más importante, Ali Bardakoglu dijo que los comentarios eran hostiles y pidió una disculpa.
De acuerdo con la corresponsal de la BBC en Estambul, Sarah Rainsford, Bardakoglu dijo que lo dicho por Benedicto era “abominable, hostil y con un prejuicioso punto de vista”.
En la vecina Siria, el gran muftí, la máxima autoridad religiosa de los musulmanes sunnitas, envió una carta al Papa en la que dijo temer que sus declaraciones sobre el islam hagan empeorar las relaciones entre ambos credos.
El primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, del movimiento islamista Hamas, condenó las afirmaciones de Benedicto XVI y le pidió que “deje de ofender” al islam con “afirmaciones que van en contra de la verdad y tocan la esencia” de la fe musulmana.
En Egipto, el presidente de los islamistas Hermanos Musulmanes dijo que los comentarios del Papa reflejan la “distorsionada imagen del islam que domina en Occidente”, mientras que unas 100 personas protestaron contra el Vaticano frente a la mezquita Al Azhar, en El Cairo.
Las críticas contra el Papa llegan asimismo desde las comunidades musulmanas afincadas en Europa. El imán de una mezquita en la ciudad de Lille, en el norte de Francia, calificó de “odiosas” las polémicas declaraciones de Ratzinger.
Lo mismo hizo en Londres el Consejo de Musulmanes Británicos (MCB), que instó a Benedicto a “aclarar” sus afirmaciones “por el interés de la verdad y las relaciones armoniosas entre los seguidores del islam y el catolicismo”. “Con el papa Juan Pablo II había respeto”, dijo Amar Lasfar, del MCB
En una época en que se viven tensiones en todo el mundo, conflictos bélicos, terrorismo y fundamentalismo por parte no solo de oriente si no también de occidente, Benedicto XVI ha demostrado una vez mas que la Iglesia es un mal para toda la humanidad.
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