Muchas veces he criticado desde este espacio al sistema imperialista, al capitalismo salvaje, y aunque nunca me he declarado politicamente ni de izquierda ni derecha siempre he escrito post a favor de tendencias socialistas que me inclinan mas del lado de la izquierda. Repito no me encasillo en ninguna de estas dos alas políticas porque creo que hoy en dia temas como el bienestar general, la distribución de la riqueza igualitaria, la eliminación de la pobreza, la seguridad y otros, son temas que comparten todos los grupos políticos. No voy a ahondar mucho en el tema pero asi como estoy en contra de este sistema capitalista salvaje e inhumano también estoy en contra de lo que se conoce como “Dictadura de proletariado”, no estoy en contra de este concepto en la teoria marxista del estado que por cierto me parece tan perfecta que llega a la utopía, si estoy en contra de la aplicación que esta “Dictadura de proletariado” tuvo en la vida real e historica: URSS, China y República Democratica Alemana (RDA), países donde se sacrificaron miles de vidas para establecer un sistema que luego cayo por la misma voluntad del pueblo.
Recientemente vi la película “Das Leben der anderen” (La vida de los otros), es muy interesante encontrar películas donde cuando se describa un estado autoritario y policial no se este refiriendo a la alemania nazi, en este caso la película esta ambientada en la convulsionada Berlín oriental de 1984 -cuando ya se percibía la decadencia del régimen comunista-, “La vida de los otros” plantea como eje del conflicto un interrogante difícil de resolver si es que no se apela a una escala de grises: cómo mantener cierta integridad moral en medio de circunstancias aterradoras (léase represión, censura, delación). Y, en este sentido, Von Donnersmarck no cae prácticamente nunca en esos blancos y negros (los buenos y los malos) tan simplistas como tranquilizadores. En 2003 con inesperado éxito, la comedia alemana Good Bye Lenin, contaba los dilemas de una familia de Berlín del Este en el proceso de la reunificación de su país. Allí, con un tono dulce y melancólico, el director Wolfgang Becker mostraba que detrás del muro también había felicidad, a pesar de todo. Los costados más siniestros de ese todo tan complicado eran apenas insinuados. Ahora, en La vida de los otros – film ganador a la mejor película extranjera en la última entrega de los Oscar- todos esos detalles sobre la República Democrática Alemana están en primer plano, es una mirda desde adentro.
Título Original: ‘Das Leben der Anderen’ Dirigida por: Florian Henckel Von Donnersmarck
Género: Drama Reparto: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastian Koch País: Alemania
El escenario del Este europeo, es triste, el gris en las paredes desgastadas de los edificios comunitarios, los colores desangelados de los pocos automóviles que circulan por las calles y el color austero de la formica marrón oscuro de los muebles, refleja el estado de melancolía en el que viven unos cuantos intelectuales amantes de la libertad y de occidente. La “inteligencia” comunista, en su ansia de escudriñar los recónditos rincones del alma humana, conoce todas las tipologías del comportamiento de los demás, pero no ha previsto que uno de los suyos pudiera cambiar por el efecto del sentimiento de amor, por el conocimiento de los demás y por la melodía de una sonata dedicada a un hombre bueno. La película de von Donnersmarck esta centrada en la gris existencia del capitán Wiesler (Ulrich Mühe), de la temible Stassi (la agencia de seguridad del Estado también conocida como Staatssicherheit). El hombre es el mejor ejemplo de aquellos para los que la defensa del país bien vale la utilización de todos los métodos de espionaje, intimidación y tortura accesibles (“El fin justifica los medios”). Hasta que su superior le encarga la vigilancia del dramaturgo Georg Dryman (Sebastian Koch), un intelectual más interesado en su arte que en la disidencia política de la que empieza a ser sospechoso. Y entonces las certezas del burócrata y el artista se entremezclan y desmoronan plano a plano.
El film describe la historia de Georg Dreyman (Sebastian Koch), un exitoso dramaturgo y director, y de su novia Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck), una atractiva actriz que trabaja en las obras de su pareja. Ambos son espiados durante un par de años por el capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), y desde entonces sus vidas no volverán a ser las mismas.
Muchas son las cosas que atraen de esta película, que es difícil pararse solamente en una de ellas, funciona con todos sus elementos a la perfección y con una armonía pocas veces vista en el cine reciente.
Donnersmarck logra un maravilloso equilibrio entre un guión casi perfecto y la puesta en escena. Así pues, nos encontramos con una película visualmente y sonoramente bellísima, aun a pesar de los tonos apagados, que van en consonancia con lo que se cuenta. Una cámara que parece que no existe es testigo mudo de las vidas de tres personajes unidos por algo en común: su apreciación por al arte. En este aspecto, el guión es de una exactitud casi matemática, y al mismo tiempo es enormemente sutil, sin caer jamás en algo que podría haber sido equivocadamente panfletario. Y es que el tratamiento que se hace de uno de los personajes, en cuanto a cómo pueden cambiar unos ideales por introducirse en el maravilloso y sensible mundo del arte, es uno de los mejores aciertos del guión y probablemente la sensiblera excusa para criticarlo. Donnersmarck consigue su objetivo no sólo con un excelente guión y una sobria dirección, sino también con unas más que magníficas interpretaciones, sobre todo la de un Ulrich Mühe absolutamente gloriosa. Mühe compone un personaje enormemente complejo, y sin embargo con una gran facilidad para ganarse enseguida la simpatía del espectador. Si en la magistral ‘Cartas Desde Iwo Jima’ hablaba de la emoción contenida en muchas de sus escenas, aquí Mühe da verdaderas lecciones al respecto, intepretando escenas que por sí solas justifican el visionado de la película. Atención a la impresionante momento en el que escucha como uno de sus vigilados interpreta una pieza de piano. Y por supuesto, ese emotivo final, donde Mühe se corona con una demostración de lo que es la contención dramática, expresando muchísimo más que si fuera al contrario, en el que es desde ya uno de los mejores finales cinematográficos de todos los tiempos. A su lado, un actor recientemente visto en la magnífica ‘El Libro Negro’, Sebastian Koch, en un papel bastante amable y lleno de carisma, compenetrándose a la perfección con su compañera, Martina Gedeck, componiendo un personaje femenino atormentado y resignado.
La belleza de la película de von Donnersmarck reside en que confía en el público para captar los pequeños cambios y motivaciones en los personajes, incluso si, aparentemente, son inexplicables. La primera vez que Wiesler se da cuenta de que ocurre algo sospechoso en la casa de Dreyman, actúa de un impulso y lo omite de su informe diario. Esta pequeña acción irá en aumento a través del resto de las vidas de todos los personajes. Es poco probable que hubiera permitido tal error si hubiese sabido las consecuencias de su decisión pero, una vez tomada, ha decidido el destino de todos los personajes para los años venideros.
La película es larga, sin embargo, el ritmo nunca decae; el guión está lleno de sutiles efectos espejo y sus temas emergen sólo gradualmente. Uno de los temas más importantes es la metáfora al actuar: Sieland y Dreyman se encangan de simular, mientras que Wiesler es el fin contrario del espectro, intenta averiguar los verdaderos sentimientos que se esconden tras las máscaras de la gente de cara al público. En un Estado-policía, cada cual es consciente de que en público es necesario un cierto nivel de actuación, aunque sólo sea para evitar llamar la atención a alguien que pudiera pedir más detalles.
La película, por otra parte, es un trabajo que puede fácilmente llevar una investigación de sus personajes y móviles. De hecho, es exactamente esta densidad de contar historias llevada con tal leve elegancia lo que hace que The Lives of Others sea convincente. La cinta tiene otro punto que cautiva profundamente; la música. Ésta acompaña perfectamente el ritmo de la película; parte vital dentro de ella, realizada por Gabriel Yared, reconocido músico de cine que cuenta en su haber con más de 80 filmes y con numerosos premios Oscar. Entre las películas destacadas podemos mencionar a Troya (2004), Cold Mountain (2003) y el Paciente Inglés (1996). La música que se escucha en el filme; “Sonata para un Hombre Bueno”, fue realizado en pleno rodaje.
Entre el detallismo de Por el amor del pueblo , el notable documental de Eyal Sivan sobre la Stasi; el clima paranoico de La conversación , la obra maestra de Francis Ford Coppola, y la pintura social de otro notable retrato de esa época y lugar como Good Bye Lenin! , La vida de los otros resulta una crítica demoledora al control y la manipulación de la población civil por parte de un estado totalitario.
Sin apelar a subrayados innecesarios, con el aporte de un impecable elenco, el director logra exponer en toda su dimensión las miserias y contradicciones de un sistema que, al menos en sus postulados, apuntaba a valores esenciales como la solidaridad, la igualdad y la libertad individual.
El resultado es una fábula triste y melancólica, pero al mismo tiempo inteligente y provocadora, que parece destinada a un debate tan acalorado como el que hace poco propicio La caída , la reconstrucción de los últimos días de Adolf Hitler.
La Vida de los Otros, es una excelente, pero realmente excelente película. Es un filme de bajo presupuesto pero que aún así, no le desmerita su alta calidad. Es por ello que fue seleccionada como Mejor Película de habla no inglesa en los pasados Premios Oscar, como también ha recibido diferentes galardones entre los que se destaca Mejor Actor, Mejor Guión y Mejor Película en diversos Premios Europeos y uno, en los Premios de la Crítica de los Ángeles. Al igual que una candidatura en los Globo de Oro. Esté, es el primer largometraje del director, Florian Henckel Von Donnersmarck, con una trayectoria importante pero en cortometrajes, tales como, “What the witness” (2002), “The Crusader” (2001), “Dobermann” (1999), quizás el más popular, “For the rest of our lives” (1997) y Midnight (1996).
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