andercismo

Abril 25, 2008

SONGS OF THE SECOND FLOOR – ROY ANDERSSON

Archivado en: 2008, CINE/MOVIES — andercismo @ 12:30

El sinsentido de la vida en la poesía de César Vallejo

El sueco Roy Andersson no necesitaría presentación si éste fuera un festival de cine publicitario. Desde el fracaso comercial de su segundo largo en 1975, y hasta los años noventa, se dedicó por entero a la realización de spots, ganando todos los premios imaginables y convirtiéndose en una leyenda en las agencias. Y si bien desde entonces ha dirigido dos largometrajes más, la publicidad sigue siendo su principal fuente de ingresos: según sus cálculos, lleva realizados alrededor de cuatrocientos comerciales.

Andersson (Gotemburgo, 1943) había debutado en el largometraje en 1970, enrolado en las huestes de Bo Widerberg, cuyo estilo realista en la dirección de actores se oponía entonces al más teatral y artificioso de Ingmar Bergman. Para cuando volvió a los festivales, dos décadas más tarde, Andersson se había vuelto un dictador perfeccionista a lo Kubrick, con productora propia y filmando hasta los exteriores en sus propios estudios. Cada uno de esos master shots tan festejados le llevan no menos de veinte o treinta tomas hasta asegurarse de tener todo bajo control.

El estilo deadpan de los comerciales ha sido trasladado a sus trabajos más serios, e incluso profundizado pensando en la pantalla grande: las escenas crecieron en complejidad y en personajes, a menudo con acciones paralelas en segundos y terceros planos, todo resuelto dentro de la misma toma general. Y sigue habiendo gente que mira sin intervenir. Pero ahora lo que ocurre es mucho más cruento: su humor se ha vuelto cáustico. Somos testigos del absurdo y la violencia, y como esos señores que miran, no hacemos nada.

En realidad, el planteo de Andersson es simple, casi pueril: conmueve su candidez cuando, en una entrevista, habla del mensaje de sus películas (mensaje: palabra tabú si las hay para críticos y cineastas). A partir del tremendo cortometraje World of Glory, su cine se ha vuelto manipulador, como el de un Lars von Trier culposo. La dureza de su crítica sorprende, viniendo de un país con larga historia de gobiernos socialdemócratas (uno de sus spots más famosos fue justamente para ese partido). Hay que recordar que en su momento esos gobiernos no hicieron nada para combatir el avance del nazismo y el fascismo en Europa, para entender la obsesión del ateo Andersson (y la del creyente Bergman) por nuestra complicidad en el estado de cosas. Están avisados: estos films divierten, pero a menudo el tiro pasa demasiado cerca, y convierte la sonrisa en una mueca.

Fernando Chiappussi (BAFICI)

Existen por lo menos dos mentiras en el título de este film. Pero a nadie le debería importar. Songs from the Second Floor es una sátira divertida donde el absurdo nunca pierde su elegancia europea a lo largo de la serie de escenas perfectamente compuestas en una sola toma cada una. Un vendedor ambulante de elementos religiosos une las diferentes situaciones y lidera un elenco compuesto de no actores, donde su importancia se equipara a la de los animales y los objetos que aparecen en el film. Surrealismo sueco inspirado en la obra de Cesar Vallejo, podría definirse a lo que ofrece Andersson, en la que fue la puerta de acceso a su obra para los espectadores argentinos cuando se exhibió, hace unos años, en el Festival de Cine de Mar del Plata, y luego sólo una vez en Buenos Aires con motivo de la visita de su director de fotografía István Borbás. (BAFICI)

TRASPIE ENTRE DOS ESTRELLAS de CESAR VALLEJO

¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus paladares!

Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado el desconocido y su señora,
el prójimo con mangas, cuello y ojos!

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!

¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que lleva reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!

¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!

¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!


CRITICA

Tras una muy larga interrupción de su actividad de director, Roy Andersson volvió con Canciones del segundo piso. Esta crítica de la civilización no sólo conquistó todos los premios nacionales imaginables y el premio del jurado en Cannes, sino que también subyugó al público, en Suecia y en el extranjero, por su audaz lenguaje pictórico y sus elaboradas escenas. Roy Andersson deja muy claro que no todos se sienten a gusto en la vieja sociedad del bienestar, a pesar de las coyunturas favorables. La película es esencialmente una crítica de los años 70 dirigida a los fracasos de la socialdemocracia y desciende hasta el colapso y el pecado original. Es duro ser sueco, pero Roy Andersson permite a pesar de eso que podamos reirnos de todos los males.

La película está inspirada en un poema de César Vallejo. Una historia sobre nuestra necesidad de amor, nuestra confusión, nuestra mezquindad y sobre todo, de nuestra vulnerabilidad. Es una historia con muchos personajes, entre ellos un padre y su amante, su hijo más joven y su novia. Es una película sobre las grandes mentiras, el abandono y el eterno deseo por el compañerismo y el de su confirmación. Al parecer, el mundo se sitúa cerca o casi a punto de pasar la línea de cambio entre dos siglos. El número 1999 enfrentándose a un cambio de vida computacional para ser 2000. Locaciones reales con efectos luminosos increíbles combinados con relucientes automovilistas embotellados, otros individuos recurren a su cotidianidad con la actitud debida, otros deambulan escapando de fantasmas, autoflagelación masiva, consumismo. Una odisea de más de 45 personajes, llevados de un lado para otro, entrelazados hacia un fino simulacro apocalíptico del fin del mundo.

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